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Entender las islas para decidir sobre ellas

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Cómo no ser parte de la maquinaria extractivista (I): el territorio como punto de partida

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Este artículo se publicó originalmente en macaronesico el 4 de enero de 2026 y se reproduce bajo licencia CC BY-SA 4.0.

La maquinaria extractivista no opera únicamente en minas, pozos de petróleo o territorios lejanos. También se activa en decisiones cotidianas, en formas normalizadas de consumo y en economías que convierten el territorio en mercancía. Participar en ella no siempre es una elección consciente; muchas veces es la única opción disponible.

Pensar cómo reducir esa participación no implica abandonar el mundo ni situarse en una posición moral superior. Implica, antes que nada, entender el mecanismo.

La maquinaria extractivista no empieza lejos

El extractivismo suele representarse como algo externo: grandes empresas, países lejanos, conflictos ajenos. Sin embargo, su lógica es más amplia. Consiste en extraer valor de un territorio sin que quienes lo habitan tengan capacidad real de decisión sobre ese proceso.

Cuando el territorio se concibe únicamente como recurso —paisaje, clima, suelo, fuerza de trabajo—, la maquinaria ya está en marcha.

Canarias: cuando el territorio se convierte en producto

En Canarias, esta lógica adopta una forma específica: el turismo como eje casi exclusivo de la economía. No se trata solo de visitantes, sino de un modelo que organiza el suelo, la vivienda, el empleo y las infraestructuras en función de una demanda externa.

El resultado es conocido: dependencia económica, precariedad laboral, presión sobre el territorio y escasa capacidad de decisión colectiva. El problema no es la presencia de personas que visitan las islas, sino un sistema que subordina el territorio a su explotación continua.

Participar sin decidir: una forma de dependencia

Gran parte de la población participa de esta maquinaria sin haberla diseñado ni poder modificarla. Trabajar en sectores dependientes del turismo, consumir productos importados o habitar territorios pensados para otros no convierte automáticamente a nadie en responsable individual del modelo.

Pero sí plantea una pregunta incómoda: ¿qué margen real existe para no reproducirlo acríticamente?

Desplazamientos posibles (sin épica)

No hay gestos heroicos ni salidas limpias. Pero sí pequeños desplazamientos:

  • entender de dónde viene lo que consumimos
  • priorizar economías locales cuando existen
  • cuestionar discursos que presentan la dependencia como inevitabilidad
  • defender el territorio como espacio de vida, no solo de rendimiento

No son soluciones totales. Son fricciones.

Abrir el proceso

Este texto no cierra nada. Abre una serie. Pensar cómo no ser parte de la maquinaria extractivista es un proceso gradual, lleno de contradicciones y límites materiales. Pero también es una forma de recuperar agencia, aunque sea parcial, en contextos donde se nos ha enseñado que no la tenemos.

Un ejercicio mínimo de educomunicación

La conciencia crítica no se produce solo leyendo análisis complejos. También se construye a partir de gestos de observación cotidiana que permiten visualizar relaciones invisibilizadas.

Proponemos un ejercicio sencillo, replicable y no heroico.

Abre la nevera.
No toda: solo la repisa inferior de la puerta.
La que suele contener productos “menores”, pero de uso diario.

Ahora hazte estas preguntas, sin prisa:

  • ¿Qué objetos hay ahí?
  • ¿De dónde viene cada uno?
  • ¿Qué territorio lo produce?
  • ¿Cuántos kilómetros ha recorrido hasta llegar a tu casa?

El ejercicio no busca culpabilizar, sino hacer visible una cadena.

Del objeto al territorio

El siguiente paso es materializar esa observación:

  • reúne los envases o productos de esa repisa
  • crea un collage-objeto (físico o digital)
  • localiza en un mapa (por ejemplo, Google Maps) el origen de cada producto
  • anota la distancia aproximada recorrida

No es un ejercicio de precisión técnica, sino de conciencia espacial.

Contextualizar el origen (opcional)

De forma opcional, el ejercicio puede ampliarse buscando una noticia reciente, un informe o un recorte sobre conflictos sociales, laborales o ambientales vinculados al territorio de origen del producto. No para establecer una relación causal directa, sino para situar ese objeto dentro de un contexto político y social concreto.

Puede tratarse de una huelga, una protesta vecinal, un conflicto ambiental o una reivindicación histórica. El objetivo no es acumular información, sino romper la ilusión de neutralidad del origen.

Compartir sin exhibirse

Si se decide compartir el ejercicio, la propuesta es hacerlo de forma sobria, sin estética publicitaria ni tono moral.

Una imagen del collage, el mapa o ambos, acompañada de una frase sencilla, bajo el hashtag:

#ElExtractivismoEmpiezaAqui

No como campaña, sino como archivo colectivo disperso.

Nota

Este ejercicio no pretende ofrecer soluciones ni establecer jerarquías de “buenos” y “malos” consumos. Su objetivo es otro: mostrar cómo la maquinaria extractivista atraviesa lo cotidiano, incluso en aquello que parece irrelevante.

La educomunicación empieza cuando dejamos de pensar el extractivismo como algo lejano y lo reconocemos como una red en la que estamos insertos, con mayor o menor margen de maniobra.


Nota editorial. Este artículo forma parte de una serie en construcción dentro de macaronesico, un proyecto editorial abierto de análisis crítico y pensamiento decolonial. El marco y la posición desde la que se escribe pueden leerse en el texto fundacional: macaronesico: pensar desde el archipiélago.