<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><channel><title>macaronesico: Internacional</title><description>El orden global leído desde los márgenes: geopolítica, extractivismo y derecho internacional.</description><link>https://macaronesico.com/</link><language>es</language><copyright>Salvo indicación, CC BY-SA 4.0 · macaronesico</copyright><item><title>El derecho al contexto histórico (o cómo se fabrica la inocencia desde arriba)</title><link>https://macaronesico.com/internacional/el-derecho-al-contexto-historico-o-como-se-fabrica-la-inocencia-desde-arriba/</link><guid isPermaLink="true">https://macaronesico.com/internacional/el-derecho-al-contexto-historico-o-como-se-fabrica-la-inocencia-desde-arriba/</guid><description>Las declaraciones de Feijóo y del rey sobre la Conquista de América reabren un viejo mecanismo: usar el “contexto histórico” como escudo para evitar cualquier revisión crítica del pasado. Desde Canarias, este debate no suena lejano.</description><pubDate>Wed, 18 Mar 2026 00:00:00 GMT</pubDate><content:encoded>&lt;p&gt;&lt;em&gt;Publicado originalmente en &lt;a href=&quot;https://macaronesico.com/internacional/el-derecho-al-contexto-historico-o-como-se-fabrica-la-inocencia-desde-arriba/&quot;&gt;macaronesico&lt;/a&gt; con licencia &lt;a href=&quot;https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/deed.es&quot;&gt;CC BY-SA 4.0&lt;/a&gt;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A veces una frase aparentemente simple abre una grieta. A mí me pasó hace unos días, escuchando a Feijóo decir que las palabras del rey sobre la Conquista de América debían “contextualizarse”, y que era “un disparate hacer un examen de cosas del siglo XV”. Lo dijo con esa seguridad que solo tienen quienes saben que su relato es el que manda. Y lo curioso es que no estaba improvisando: estaba defendiendo al rey, que había afirmado que España llevó a América “lengua, cultura y derechos” y que la Conquista no debía verse como un acto de sometimiento, sino como una empresa civilizadora.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Escuché ambas cosas casi seguidas y me quedé con una sensación incómoda, como si estuviera oyendo una versión muy pulida de algo que ya conozco demasiado bien: la capacidad de las élites para convertir la historia en un refugio moral. Un refugio para ellas, claro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;em&gt;&lt;a href=&quot;https://macaronesico.com/macaronesia/macaronesico/&quot;&gt;macaronesico: pensar desde el archipiélago&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; escribíamos que mirar el mundo desde Canarias implica aceptar que casi siempre nos han contado la historia desde otro sitio. Desde un centro que no es el nuestro. Y que esa distancia no es solo geográfica: es política, cultural, emocional. Por eso, cuando escucho a un político decir que no se puede revisar la Conquista, lo que escucho en realidad es otra cosa: “solo algunos pueden decidir qué partes del pasado se discuten y cuáles no”. Y esos “algunos” suelen ser los mismos que se han beneficiado de ese pasado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La palabra “contexto” aparece aquí como un salvoconducto. Una especie de llave maestra que sirve para cerrar conversaciones incómodas. Cuando se habla de genocidios, de esclavitud, de saqueos, de evangelización forzada, de destrucción de lenguas y culturas, entonces el contexto se convierte en un borrador. Como si entender el momento histórico bastara para anular el daño. Como si el dolor de otros fuera un detalle técnico. Pero entender no es justificar. Y desde luego no es silenciar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;em&gt;&lt;a href=&quot;https://macaronesico.com/canarias/como-no-ser-parte-de-la-maquinaria-extractivista-01/&quot;&gt;Cómo no ser parte de la maquinaria extractivista (I)&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; hablábamos de que el extractivismo no es solo una práctica económica, sino una forma de relación: extraer valor sin permitir que quienes habitan un territorio decidan sobre él. Esa lógica no nació con el turismo ni con los fondos de inversión. Viene de lejos. De muy lejos. De cuando Europa decidió que el mundo era un tablero y que podía mover piezas sin pedir permiso. Las prebendas coloniales —tierras, encomiendas, títulos, acceso exclusivo a recursos— no fueron errores del sistema. Fueron el sistema. Y cuando hoy se pide “contexto” para no hablar de ello, lo que se está defendiendo es la continuidad de esas prebendas, pero en forma de relato.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aquí, en Canarias, sabemos lo que es que otros hablen por nosotros. Lo hemos vivido en la política, en la economía, en la cultura, en la forma en que se nos representa. Sabemos lo que es que nos conviertan en paisaje. Sabemos lo que es que nos administren. Por eso este debate no es abstracto. No es una discusión entre historiadores. Es una conversación sobre cómo se construye el mundo y sobre quién tiene derecho a contarlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;em&gt;&lt;a href=&quot;https://macaronesico.com/internacional/poder-sin-ley-petroleo-y-erosion-del-orden-internacional/&quot;&gt;Poder sin ley: petróleo y erosión del orden internacional&lt;/a&gt;&lt;/em&gt; se explicaba cómo las potencias utilizan el derecho internacional de forma selectiva para mantener su posición. Con la memoria pasa lo mismo. Las normas se aplican de manera desigual. La historia se administra como un recurso más. Europa exige memoria cuando le conviene y exige olvido cuando le incomoda. Y lo hace con la misma naturalidad con la que antes exigía tributos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La justicia histórica no es un capricho. No es un ajuste de cuentas con el pasado. Es una forma de reconocer que hay heridas que siguen abiertas. Que hay desigualdades que no nacieron ayer. Que hay memorias que han sido sistemáticamente silenciadas. Y que esas memorias tienen derecho a existir sin pedir permiso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pensar desde el archipiélago implica aceptar que el contexto no es neutral. Que es una disputa. Que hay relatos que se imponen y relatos que se empujan hacia los márgenes. Implica también reconocer que la historia no es un bloque inmóvil, sino un campo de batalla donde se decide quién tiene derecho a recordar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Feijóo no habló solo del siglo XV. Habló del ahora. De cómo se sigue justificando la desigualdad. De cómo se sigue administrando el silencio. De cómo se protege un orden que sigue beneficiando a los mismos de siempre. Y nosotros, desde aquí, desde este territorio que tantas veces ha sido tratado como un apéndice, decimos que no. Que el contexto también nos pertenece. Que la historia no es propiedad de las élites. Que la memoria es un derecho.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este artículo no pretende cerrar nada. Forma parte de una conversación que sigue abierta en macaronesico. Una conversación sobre territorio, poder, memoria y las formas —a veces sutiles, a veces brutales— en que la colonialidad sigue operando hoy. Y sobre cómo, desde aquí, desde este archipiélago, podemos empezar a contar las cosas de otra manera.&lt;/p&gt;</content:encoded><category>Internacional</category><category>colonialidad</category><category>memoria-historica</category><category>pensamiento-decolonial</category><category>extractivismo</category></item><item><title>Poder sin ley: petróleo y erosión del orden internacional</title><link>https://macaronesico.com/internacional/poder-sin-ley-petroleo-y-erosion-del-orden-internacional/</link><guid isPermaLink="true">https://macaronesico.com/internacional/poder-sin-ley-petroleo-y-erosion-del-orden-internacional/</guid><description>Un análisis crítico de cómo el uso coercitivo del poder por parte de las grandes potencias erosiona los principios del derecho internacional, con el control de los recursos estratégicos —especialmente el petróleo— como trasfondo estructural de estas dinámicas.</description><pubDate>Sun, 04 Jan 2026 00:00:00 GMT</pubDate><content:encoded>&lt;p&gt;&lt;em&gt;Publicado originalmente en &lt;a href=&quot;https://macaronesico.com/internacional/poder-sin-ley-petroleo-y-erosion-del-orden-internacional/&quot;&gt;macaronesico&lt;/a&gt; con licencia &lt;a href=&quot;https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/deed.es&quot;&gt;CC BY-SA 4.0&lt;/a&gt;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En las últimas semanas, las declaraciones y acciones del presidente estadounidense &lt;strong&gt;Donald Trump&lt;/strong&gt; han vuelto a colocar a &lt;strong&gt;Estados Unidos&lt;/strong&gt; en el centro de una política internacional basada en la coerción más que en el derecho.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Operaciones extraterritoriales, presiones militares y una retórica de castigo contra Estados no alineados refuerzan una tendencia que no es nueva, pero que hoy se ejerce con menor disimulo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No se trata de episodios aislados ni de simples excesos verbales. Se trata de una &lt;strong&gt;forma de ejercer el poder&lt;/strong&gt; que debilita de manera sistemática los principios fundamentales del derecho internacional: la soberanía de los Estados, la prohibición del uso unilateral de la fuerza y la resolución multilateral de los conflictos. Cuando una potencia actúa como juez y parte, el sistema internacional deja de ser un marco normativo compartido y se convierte en un &lt;strong&gt;orden jerárquico impuesto&lt;/strong&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&quot;el-trasfondo-económico-extractivismo-y-control-de-recursos&quot;&gt;El trasfondo económico: extractivismo y control de recursos&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;El análisis pierde sentido si se limita a la superficie política. Detrás de estas actuaciones subyace un elemento estructural: el &lt;strong&gt;control de materias primas estratégicas&lt;/strong&gt;, especialmente el &lt;strong&gt;petróleo&lt;/strong&gt;. Los países que intentan mantener control público sobre sus recursos o que se resisten a procesos de liberalización forzada suelen convertirse en objetivos de sanciones, bloqueos financieros o presiones diplomáticas prolongadas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este patrón se ha repetido durante décadas. Primero se restringe el acceso a mercados y sistemas financieros; después se debilita la economía interna; finalmente, se justifica la intervención como una “respuesta necesaria” ante el colapso provocado. El resultado no es estabilidad ni democracia, sino &lt;strong&gt;dependencia económica y subordinación política&lt;/strong&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&quot;alianzas-y-silencios&quot;&gt;Alianzas y silencios&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;La alianza estratégica con &lt;strong&gt;Israel&lt;/strong&gt;, mantenida incluso frente a críticas de organismos internacionales y organizaciones humanitarias, forma parte de esta arquitectura de poder. No es una alianza basada únicamente en afinidades ideológicas, sino en intereses geopolíticos y de seguridad en una región clave para el suministro energético global.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Europa, por su parte, ha mostrado una creciente dificultad para ejercer un papel autónomo. La posición de &lt;strong&gt;Ursula von der Leyen&lt;/strong&gt; refleja una Unión Europea más preocupada por garantizar estabilidad energética y alineamiento estratégico que por defender de forma coherente los principios que dice representar. Esta falta de equilibrio contribuye a la percepción de que el multilateralismo es hoy &lt;strong&gt;más retórico que efectivo&lt;/strong&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&quot;un-orden-internacional-en-retroceso&quot;&gt;Un orden internacional en retroceso&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Lo más preocupante no es únicamente la acción de una potencia concreta, sino la &lt;strong&gt;normalización del desequilibrio&lt;/strong&gt;. Las reacciones internacionales suelen ser tibias, fragmentadas o condicionadas por intereses económicos. El silencio o la ambigüedad no son neutrales: consolidan un sistema en el que las normas se aplican de manera desigual.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La ilustración que acompaña este artículo no debe leerse como una provocación gratuita, sino como una &lt;strong&gt;metáfora política&lt;/strong&gt;: la representación gráfica de un orden mundial donde algunos disparan, otros limpian las consecuencias y muchos más permanecen inmovilizados, sin capacidad real de decisión.&lt;/p&gt;
&lt;h2 id=&quot;conclusión&quot;&gt;Conclusión&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;El debate no gira en torno a simpatías o rechazos personales, ni a la defensa de gobiernos concretos. El debate es más profundo: &lt;strong&gt;qué tipo de orden internacional se está construyendo&lt;/strong&gt;. Uno basado en el derecho, imperfecto pero compartido, o uno basado en la fuerza, donde la legalidad depende del poder militar y económico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mientras el acceso a recursos estratégicos siga justificando la erosión de normas básicas, el derecho internacional continuará perdiendo credibilidad. Y cuando la ley deja de proteger a los más débiles, deja de ser ley para convertirse en &lt;strong&gt;instrumento del poder&lt;/strong&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Publicar, debatir y señalar estas dinámicas no es una cuestión ideológica, sino una &lt;strong&gt;responsabilidad democrática&lt;/strong&gt;.&lt;/p&gt;</content:encoded><category>Internacional</category><category>geopolitica</category><category>derecho-internacional</category><category>extractivismo</category></item></channel></rss>